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Un plan sistemático

El robo de niños, niñas y bebés es uno de los crímenes más graves cometidos durante el terrorismo de Estado. En el caso de Argentina tuvo carácter sistemático y luego se extendió a la región.

El informe de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos titulado “A todos ellos” reseña los casos de hijos de matrimonios uruguayos secuestrados en Argentina y de uruguayas que dieron a luz en cautiverio.

Aunque hubo casos de niños y niñas y aun de madres embarazadas que fueron asesinados, lo más frecuente era la entrega a una familia de militares o policías que los criaba como propios. La apropiación se completaba con la falsificación de un acta de nacimiento que establecía un nuevo nombre y apellido del niño o la niña y también cambiaba la fecha y el lugar de nacimiento.

Con el afianzamiento del Plan Cóndor, la apropiación adquirió escala regional. Hubo secuestros, nacimientos, traslados ilegales y sustitución de identidad en operativos que tuvieron lugar en Argentina, Uruguay, Bolivia, Paraguay y Chile. Los hermanos Anatole y Victoria Julien fueron un claro ejemplo: los secuestraron en Buenos Aires junto a sus padres uruguayos, los trasladaron en forma clandestina primero a Montevideo, y luego a Valparaíso, en Chile, donde los abandonaron en una plaza.

Del lado opuesto del Río de la Plata, a Paula Logares le impusieron otro periplo. La secuestraron en Montevideo junto a sus padres, los argentinos Mónica Grinspon y Claudio Logares, en mayo de 1978 cuando tenía dos años. A los tres los llevaron a Buenos Aires. Mónica y Claudio desaparecieron en el “Pozo de Banfield” y a Paula la entregaron a un comisario de la Policía que la inscribió como hija suya y de su mujer. Las investigaciones de Abuelas de Plaza de Mayo y la tenacidad de la abuela materna Elsa Pavón, lograron ubicarla en 1984. En su caso, por primera vez la justicia apeló al análisis de ADN para probar la identidad. Paula es también la primera nieta restituida a su familia biológica por decisión judicial, el 13 de diciembre de 1984.

Las Abuelas de Plaza de Mayo tuvieron un rol decisivo en la investigación, localización, identificación y restitución de niños y niñas desaparecidos. Fundada en 1977, la organización ha logrado recuperar 130 nietos y nietas de los más de 500 casos que tienen registrados.

La justicia argentina probó la existencia de una práctica sistemática y generalizada de sustracción, retención y ocultamiento de menores que operó dentro del plan general de aniquilación desplegado sobre parte de la población civil, con el argumento de combatir la subversión. Con ese fundamento el 5 de julio de 2012 la justicia condenó a 50 años de prisión al ex dictador Jorge Rafael Videla. La condena fue un hito en la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, que reclamaban desde hacía más de tres décadas que la apropiación no fuera calificada como delito aislado u ocasional sino parte de un plan sistemático.

La apropiación de niños, niñas y bebés menores es de los crímenes más crueles e irreparables cometidos por las dictaduras militares. Se dirigió contra niños y niñas a quienes le enajenaron la identidad y fracturaron la historia personal. Los procesos de restitución no han sido menos complejos. Para muchos fue un acto traumático que los dejó divididos entre el afecto a los apropiadores y la pertenencia a la familia biológica. Por otro lado, tampoco ha sido igual la restitución de la identidad en un menor de edad como lo eran los primeros niños encontrados, que cuando se trata de personas adultas. En cualquier caso han sido procesos largos y dolorosos, tal como lo relatan los hombres y mujeres jóvenes y adultos con identidad recuperada.