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Aníbal Simón Méndez

Como muchos uruguayos, Sara Méndez llegó a Buenos Aires huyendo de la persecución política. Militaba en el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) y vivía en pareja con Mauricio Gatti. Aunque estaba requerida en Uruguay y la violencia política en Argentina se había generalizado y agravó luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Sara quería tener un hijo, por eso celebró cuando supo que estaba embarazada. Poco antes del parto, el secuestro de compañeros de militancia la obligó a dejar su casa, cambiar la maternidad en la que iba a dar a luz y conseguir documentos de identidad falsos. Para protegerse ella y Mauricio, ingresó en la nueva clínica como Stella Maris Riquelo y luego del nacimiento inscribió al bebé con el nombre Simón Riquelo.

El secuestro

La medianoche del 13 de julio de 1976 hombres de civil, de fuerzas represivas uruguayas y argentinas, invadieron la casa del barrio Belgrano donde vivían Sara, Mauricio y Asilú Maceiro. El entonces mayor del Ejército José Nino Gavazzo se identificó con nombre y apellido como responsable del operativo. Mauricio no estaba en casa por lo que primer objetivo del interrogatorio y la tortura fue para saber cuándo llegaría. Mientras destrozaban los muebles y la golpeaban, Sara veía saltar en la cama el moisés donde dormía Simón.

Antes de llevársela, el paramilitar argentino Aníbal Gordon le dijo que su hijo no corría peligro porque la guerra anti subversiva no era contra los niños. Sin embargo, esa misma noche el sub comisario Osvaldo Armando Parodi y su mujer Julia Haydée Campo se apropiaron del bebé de 21 días. Lo inscribieron como Aníbal Parodi Campo y le ocultaron su identidad e historia. A partir de ese momento Simón creció ignorando su origen, convencido de que era hijo del matrimonio.

La noche del secuestro, Sara y Asilú llegaron atadas de pies y manos y encapuchadas al centro clandestino de detención Automotores Orletti. Allí había otros uruguayos que fueron testigos de las torturas a que la sometieron cuando era una madre que todavía amamantaba. Finalmente trasladaron a Montevideo a un grupo de 24 secuestrados. En la sede del Servicio de Información de Defensa (SID) donde los alojaron, Sara preguntó por primera vez por su hijo. Gavazzo y el teniente coronel Juan Antonio Rodríguez Buratti se comprometieron a averiguar qué había sucedido con él.

A fines de 1976 la enviaron a la cárcel de Punta de Rieles. En la primera visita que tuvo con su familia supo que el bebé continuaba desaparecido. Siguió reclamando por él y denunciando la desaparición en todas las oportunidades que pudo, como cuando la visitó en prisión el embajador de Gran Bretaña y más tarde ante delegados de la Cruz Roja, denuncias que le significaron sanciones de aislamiento en calabozo.

La búsqueda

Tras cuatro años de prisión Sara salió en libertad. Poco después viajó a Buenos Aires aun con el riesgo que ello suponía pues como todos los liberados estaba en un régimen de libertad vigilada que le impedía salir del país y la obligaba a presentarse una vez por semana en un cuartel. Se vinculó con Abuelas de Plaza de Mayo para ponerse al frente de la investigación sobre Simón y contribuir a la búsqueda de los hijos de sus compañeros y compañeras desaparecidos sin rastro junto con sus padres.

En Uruguay se integró al grupo de Madres y Familiares de Uruguayos Desaparecidos en Argentina y participó en la campaña para anular la ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado. Grabó un spot que fue censurado por la televisión pública y privada.

A fin de la década del ochenta recibió información sobre un joven de la edad de Simón adoptado por una familia de parientes de Rodríguez Buratti. Primero en forma discreta y amistosa y luego por vía judicial reclamó la realización de una prueba de ADN para establecer la filiación biológica del joven. Durante casi una década el muchacho y su familia se negaron.

El 11 de abril de 1991 murió Mauricio Gatti, sin conocer la identidad de su hijo. Recién en 2000, la mediación del entonces presidente de la república Jorge Batlle convenció al joven de que se hiciera la prueba. El resultado fue negativo. A raíz de ello, medios de prensa y de televisión iniciaron una campaña contra Sara haciéndola responsable de un manejo inapropiado del tema y de haber causado un perjuicio al joven y a su familia.

En 2001 Sara se entrevistó con el representante de Batlle en la Comisión para la Paz, Carlos Ramela, a quien le pidió que el Estado uruguayo asumiera la responsabilidad en la búsqueda de Simón. El abogado le dijo que por la información que tenía era posible que el bebé hubiera muerto luego de ingresar a una clínica tras el secuestro. Poco después Sara difundió una carta: “Seguiré buscando: pocos casos de secuestros y apropiación de bebés cuenta con un número de testigos tan amplio como el de Simón”. Poco después inició una gira por países europeos que tuvo amplio respaldo de parlamentarios, medios de comunicación y comités solidarios.

Pista clave

El periodista Roger Rodríguez aportó un dato decisivo para la ubicación de Simón. El ex integrante de la SIDE y represor de Orletti Eduardo Ruffo le había dicho que la misma noche del secuestro el bebé había quedado en un hospital cerca de la casa de Sara. El trabajo solidario de colaboradores y amigos en Buenos Aires, hizo posible que poco después se tuviera información sobre cuál era el Hospital, la dirección de las comisarías de la zona y el nombre de los policías que trabajaban allí.

Meses después el entonces senador Rafael Michelini, que había continuado trabajando la pista de Roger Rodríguez, llamó a Sara para decirle que necesitaba hablar con ella. Cuando se encontraron le anunció que estaba convencido de haber ubicado a Simón. Le habían pasado una lista con el nombre de cuatro policías que podían tener información sobre él. Llamó al que encabezaba la lista, le explicó el motivo de la llamada y le pidió una entrevista personal. El ex comisario Osvaldo Armando Parodi aceptó el encuentro. Rafael le explicó que había llegado a él por la investigación que estaba haciendo del asesinato de su padre, el senador Zelmar Michelini. También le mencionó que su hermana Margarita había estado secuestrada en Automotores Orletti y que allí había otra secuestrada llamada Sara Méndez a quien le habían sustraído a su hijo, un bebé de pocos días de nombre Simón. Rafael agregó que tenía la esperanza de que él pudiera darle algún dato que lo ayudara a resolver el caso. No imaginaba la respuesta que inmediatamente le dio Parodi: “No busquen más, ese chico es mi hijo. Si me dijera que la misma noche del 13 de julio de 1976 en esa clínica abandonaron a otro chico con las mismas características, yo podría dudar. Pero no tengo dudas. Ese chico que buscan es mi hijo”. Según la versión de Parodi, después de llevarse a Sara y Asilú de la casa, los secuestradores dejaron al bebé en la Clínica Norte del Barrio Belgrano. Allí el entonces comisario habría decidido dar parte a un juez y derivarlo a una casa cuna. Al final de la jornada le comentó a su mujer lo sucedido y ella le propuso quedarse con el niño abandonado. En un año pasaron de tener la tenencia provisoria del bebé a la definitiva. Al fin del encuentro Parodi se comprometió a hablar del asunto en su familia, y Michelini le anunció que le comunicaría a Sara la alta probabilidad de que ese muchacho fuera su hijo.

El encuentro

En el mismo acto, en la reunión familiar, Simón supo que no era hijo del matrimonio Parodi Campo y que tenía una madre que lo buscaba desde hacía 25 años. Esa noche escribió el nombre Simón Riquelo en internet y así conoció detalles de su biografía y filiación, del largo periplo de Sara y de la amplitud de la campaña internacional por él. Inmediatamente aceptó hacerse la prueba de ADN. Una semana más tarde, antes de tener el resultado, convencido de que era el hijo de Sara, la llamó por teléfono. Fue una conversación extraña porque Sara estaba en la calle, no lo escuchaba bien, y no imaginó que ese joven que se presentó como Aníbal era su hijo.

Poco después Sara y su marido Raúl Olivera viajaron a Buenos Aires para encontrarse con él y con su novia, Emilce. Fue el primero de dos encuentros antes de que el examen de ADN probara definitivamente que Aníbal era hijo de Sara y Mauricio.

A partir de ese momento comenzó una etapa de encuentros y desencuentros que los dos han dicho que fue intensa y dura pero positiva: “Nos encontramos después de 25 años y podría haber salido mal por parte de los dos. Pero creo que los dos tuvimos suerte. Tenemos una buena relación construida a lo largo de todos estos años. Fueron duros pero valió la pena” contó Simón en una de las escasas entrevistas que ha dado.

Adoptó el apellido materno pero prefirió conservar Aníbal como nombre de pila, al que unió el nombre que le dieron sus padres. Es Aníbal Simón Méndez. Está casado con Emilce un hijo llamado Juan Ignacio.

En 2002 La Trampa publicó la canción «Luna de marzo» dedicada a Simón, Sara y sus búsquedas.